02 Nov 2019by David Barajas

Dirección fotográfica: los formatos cinematográficos

Dirección fotográfica: los formatos cinematográficos

A pesar de lo que muchos de nuestros alumnos piensan cuando llegan a nuestro Curso de Dirección de Fotografía, existen una enorme cantidad de formatos cinematográficos en los que se puede grabar hoy en día. Esto significa que a pesar de que, efectivamente, sí existe una estandarización, los largometrajes no siempre se filman con las mismas películas ni bajo el mismo formato.

Ahora bien, vale la pena aclarar, además, que cuando hablamos de formatos cinematográficos no nos referimos solo a formatos de grabación, sino también a numerosos formatos de imagen, que pueden presentar diferentes relaciones de aspecto.

Entendemos que comprender esto puede resultar complejo si no se tiene una base de conocimiento al respecto, y por eso hoy vamos a hablar sobre los distintos formatos cinematográficos que existen y existieron, para conocer un poco más sobre la historia del cine.

 

Historia y nacimiento de los formatos cinematográficos estándar

El primer estándar: el 35 mm

Sin dudas el formato cinematográfico más utilizado en el cine, aparte de ser el primer formato estandarizado a nivel mundial que existió. La industria americana lo conoce hoy en día como el “Old silent frame” (Viejo formato silencioso), debido a que nació durante la época del cine mudo y no contenía ningún espacio para el sonido (con el tiempo fue evolucionando hasta incorporar hasta tres pistas de sonido diferentes).

Originalmente la imagen de esta película tenía un tamaño de 24 x 18 mm, con una relación de aspecto de 1.33:1. La realidad es que solo jugó un papel importante con su versión original hasta que las películas sonoras se hicieron populares. Cuando el sonido llegó al cine en 1927 se tuvo que incorporar un espacio en la tira de película para el sonido.

 

Llega el sonido con el formato academia

Como decíamos, para dar el paso del cine mudo al sonoro, se necesitó crear un espacio en el negativo de la película para incorporar el sonido, que se lograba a través de una banda óptica en la copia de la película de 35 mm. Esto lógicamente redujo el tamaño de la imagen en el negativo, que pasó a ser de 22 × 16 mm (lo cual cambió, lógicamente, su relación de aspecto a 1.37:1).

Este formato varió nuevamente en mayo de 1932 para pasar a ser de 21 x 15.2 mm y convertirse así en el estándar universal durante más de veinte años, lo que le valió la denominación de Academy Standard Flat (Formato estándar Academia).

El sonido obligo a un último cambio en estos negativos: a fin de poder ofrecer un sonido de calidad se tuvo que pasar de los 16-18 fotogramas por segundo del cine mudo a los 24 fps del cine sonoro.

 

Algunos años sin novedades

La estandarización del formato academia no solo permitió que la enorme mayoría de las salas pudiesen reproducir de forma correcta las películas filmadas en ese formato, sino que a su vez impidió que se pudiesen reproducir en casi cualquier otro, ya que contar con distintos proyectores que fuesen capaz de reproducir distintos formatos resultaba muy caro.

Esto impidió que las investigaciones y experimentos con otros formatos, como los 56, 60 y 73 mm, no tuviesen demasiado recorrido (la Gran Depresión tampoco ayudó, ya que impedía que las salas afrontaran los elevados costes de adaptar sus espacios y equipamientos a nuevos formatos).

 

Llega el color al cine

Como todo avance tecnológico, la llegada del color al cine no fue de un día para otro, sino que fueron necesarias décadas y diferentes experimentos para conseguir que las películas dejaran de ser en blanco y negro.

Ya a principios de siglo habían tenido lugar ciertos intentos de colorear la imagen de las películas que, aunque alcanzaron un mayor o menor grado de aceptación, nunca fueron del todo exitosos. No fue entonces hasta la llegada del Three Strip Technicolor, un sistema que permitía proyectar imágenes a color superponiendo tres negativos coloreados diferentes, que la humanidad pudo ver una película en color de forma correcta. Esto fue un avance para el cine, aunque el Three Strip Technicolor no se considera un formato cinematográfico per se, ya que se conseguía adaptando cámaras Mitchell de formatos ya existentes, como los 35 y 70 mm (el formato 70mm existe desde finales del siglo XIX y es un formato de alta resolución).

 

El cine se vuelve espectacular con formatos cinematográficos panorámicos

Para este momento ya estábamos en los años 50 y la llegada de la televisión le metió el miedo en el cuerpo a la industria del cine, por lo que buscaron la forma de ofrecer un nivel de espectacularidad que aquellos pequeños dispositivos blanco y negro del salón de casa no podían ofrecer. Así nació el formato cinematográfico panorámico.

 

Primero, Cinerama

Un primer intento fue Cinerama, una locura que consistía en proyectar una película que era tan panorámica (su relación de aspecto era de 2.59:1) que se necesitaban tres proyectores, ubicados horizontalmente, para lograrlo. Este formato no triunfó, no solo porque prácticamente ninguna sala podía hacer frente al costo que suponía realizar una instalación de este tipo (se requería de una pantalla con una curvatura de 146°, aparte de los tres proyectores), sino también porque a nivel logística era inviable para muchas producciones cinematográficas.

 

Después, CinemaScope

Pero el cine panorámico no se iba a quedar ahí, por lo que volvió al ataque con CinemaScope, un sistema que hacía uso de los antiguos negativos 35 mm del cine mudo para conseguir una relación de aspecto 1.33:1 que luego se ensancharía el doble. ¿Cómo? Pues a través de una lente anamórfica.

El funcionamiento de esta lente es relativamente sencillo: colocándola frente a una lente normal consigue comprimir el doble de imagen en el eje vertical del negativo. Si proyectáramos el negativo directamente de esa manera, veríamos una película sumamente estirada a lo alto (todos los personajes parecerían el doble de flacos, por decirlo de alguna manera), pero el CinemaScope también contaba con otra lente anamórfica frente al proyector que se encargaba de descomprimir la imagen, proyectándola en su proporción natural y consiguiendo así una relación de aspecto de 2.66:1, que luego se redujo a 2.55:1 para dar espacio a las pistas de audio (podía incluir hasta cuatro pistas estéreo) y más tarde se volvió a reducir a 2.35:1 para dar espacio, además, a una pista monofónica óptica.

A continuación podemos ver una escena de The Robe, la película con la que la Twentieth Century Fox inauguró CinemaScope, en la que podemos ver el qué tan panorámicas eran estas películas.

El problema con el CinemaScope era que generaba una suerte de distorsión en el centro de la imagen que la achataba, razón por la cual la Fox mandó a fabricar a Panavisión unas lentes capaces de resolver ese problema. A partir de ahí Panavisión iría ganando más y más fama hasta convertirse en la reconocida compañía que fabrica lentes esféricas, anamórficas y cámaras con las que aún hoy se filman una enorme cantidad de películas cada año.

 

El formato academia también se hace panorámico

Con el boom de la imagen panorámica explotando tanto en Europa como en Estados Unidos, se decide realizar una modificación en el hasta entonces intocable formato academia. Así se decide pasar del 1.37:1 que venía luciendo desde la década de 1920 al nuevo 1.85:1 (en Europa era 1.66:1).

Para lograr este cambio los directores no utilizaban la parte de arriba y debajo de la imagen, lo cual no solo hacía que se perdiera casi el 25% de la superficie de grabación, sino que reducía considerablemente la calidad de la imagen.

 

El gran cambio de Vistavision

Seguimos en la década de los cincuenta con todas las grandes compañías de la industria del cine luchando por hacerse con el nuevo mercado panorámico, y ahora es, en 1954, la Paramount Pictures la que salta a la palestra con Vistavision.

El gran cambio que introdujo Vistavision es tan sencillo como eficiente: básicamente lo que hizo fue que la imagen, en lugar de grabarse en relación vertical con el negativo (es decir, con las perforaciones a los costados), se grabara de forma horizontal (con las perforaciones arriba y abajo), de forma que pudiera casi duplicar el área de negativo disponible para un mismo fotograma.

La relación de aspecto de este fotograma era, entonces, de 1.50:1, aunque la idea era que se pudiera proyectar en cualquier ratio entre 1.66:1 y 1.96:1. Finalmente se terminó proyectando casi siempre en el habitual 1.85:1, por lo que las intenciones de la Paramount de ofrecer a los cineastas cierta flexibilidad con las relaciones de aspecto no lograron calar muy hondo.

 

Tras unos años… la caída…

Después de Vistavision seguirán saliendo otros grandes formatos de similar éxito que irán corrigiendo errores pasados y cometiendo nuevos -y a veces viejos- errores.

Algunos de estos formatos son el Todd-AO, que mejoró mucho en calidad de imagen y sonido a sus predecesores pero cometió el error de volver a la pantalla curva, la M-G-M- Camera 65, que ofreció la mayor relación de aspecto jamás vista con un impresionante 2.76:1, la Super Panavision 70, un clon de Todd-AO, el Techinarama o el Techniscope.

Pero el futuro de los grandes formatos no fue todo lo venturoso que se auguraba, y progresivamente las películas fueron abandonando la imagen panorámica para volver al 35 mm. El elevado coste de una producción cinematográfica en gran formato, sumado a la progresiva aparición de las salas multicine, que instalaban dos o tres salas donde antes solo había una, hizo que finalmente la industria se decantara por los formatos tradicionales, abandonando los grandes formatos.

 

Más que un gran formato, un formato enorme: IMAX

El último gran cambio (literalmente) que tuvo lugar en el mundo de los formatos cinematográficos vio la luz en la década de 1970 y se presentaba como el más grande entre los grandes.

Empleando un negativo de 65mm con 15 perforaciones por fotograma, el IMAX se concibió para proyectarse en salas especiales que contaran con pantallas de doble altura. Este formato ha tenido cierto grado de aceptación por su espectacularidad, aunque nunca ha disfrutado de la masividad que sí disfruto el cine “tradicional”.

Este formato sigue vivo a día de hoy, pero la realidad es que, al pasarse a digital, perdió bastante de la calidad que el celuloide ofrecía.

 

¿Y cómo estamos hoy?

Desde la década del 70 no sucedieron muchas cosas nuevas en lo que a formatos cinematográficos refiere. Lógicamente aparecieron nuevos formatos y tuvieron lugar nuevos experimentos, pero la realidad es que el mayor logro que tuvieron fue certificar que los que iban a prevalecer y mantenerse como los estándares de la industria seguirían siendo el formato esférico 1.66:1 (en Europa) o 1:88:1 (en Estados Unidos) y el 35mm anamórfico.

Esto hasta la llegada del cine digital, que cambiaría en buena medida la forma en la que creamos y comprendemos el cine, pero eso lo vamos a dejar para otro artículo, que ahí hay mucho material.

Como podemos ver, la historia del cine y la historia de los formatos cinematográficos están, lógicamente, ligada de forma intrínseca. El futuro, como siempre, se presenta desconocido, pero si de algo podemos estar seguros es que lo que nos traiga tendrá un nivel de imagen y sonido siempre en crecimiento.

 

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