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Temperatura de color: definición y características

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La temperatura de color es un aspecto fundamental a la hora de hacer una fotografía. Por ello, en este artículo te explicamos todo lo que necesitas saber sobre este concepto. Además, también te recomendamos la formación más completa para que domines las mejores técnicas fotográficas, como nuestro curso de Fotografía digital.

Sigue leyendo y descubre con nosotros qué es la temperatura de color de una fuente de luz. A continuación, te explicamos su definición y características.

 

¿Qué es la temperatura de color?

La temperatura de color es una característica de la luz que influye notablemente en sectores como la fotografía o el cine, ya que afecta al color de todo lo que nos rodea y determina si una escena tiene un aspecto frío o cálido.

Pero… ¿qué es exactamente la temperatura de color?

La temperatura de color es la tonalidad que emiten las diferentes fuentes de luz que nos rodean, ya sea el sol, en cualquier momento del día, como cualquier fuente de luz artificial, por ejemplo, una bombilla. Dicha temperatura se mide en grados kelvin, correspondiendo los valores más altos a los tonos de luz más fríos y los valores más bajos a los tonos más cálidos.

 

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Para que lo entiendas bien, debes saber que las cosas que nos rodean y que observamos con nuestros ojos, no tienen un color determinado simplemente por su propia naturaleza, (las manzanas no son verdes, ni los tomates rojos) es nuestro cerebro el que interpreta ese color cuando la luz incide sobre ellos. Aunque no lo percibamos a simple vista, los colores de todo lo que nos rodea varían dependiendo de la fuente de luz, ya que los colores, realmente, se encuentran en la luz.

Cuando la luz incide sobre un objeto, su superficie absorbe ciertas longitudes de onda y refleja otras. Las ondas reflejadas son las que el ojo humano capta y luego interpreta en el cerebro como un color. Es decir, los colores varían según la longitud de onda. Si la superficie de un objeto absorbe todas las longitudes de onda y no refleja ninguna, veremos ese objeto de color negro.

Por lo tanto, la temperatura de los colores dependerá de la fuente de luz. Correspondiendo los tonos cálidos a los amaneceres y atardeceres o a la mayoría de luces de interior y los tonos más fríos a días nublados, sombras o al período de crepúsculo de la mañana y la noche, cuando no hay ni luz del día ni la más completa oscuridad.

A partir de 5000 K nos encontramos con colores fríos, mientras que con temperaturas más bajas (2700-3000 K) con colores cálidos.

 

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La temperatura de color en fotografía: descubre la función balance de blancos

Ahora que ya sabes que la temperatura de color depende de la tonalidad de la fuente de luz, se mide en grados kelvin y que los valores altos corresponden a los colores fríos y los valores bajos a los cálidos, veamos como este afecta a la hora de sacar una fotografía.

Seguro que en alguna ocasión te ha pasado que has intentado fotografiar una escena y el resultado tiene un tono muy diferente a lo que tus ojos estaban viendo. Esto es debido a que nuestros ojos, o más bien nuestro cerebro, es capaz de compensar la diferencia de temperatura de color. Sin embargo, nuestra cámara no. Al menos no automáticamente.

¿Esto significa que debes resignarte y aceptar el resultado de tu instantánea? Afortunadamente, no. Todas las cámaras digitales actuales, incluidas las de los teléfonos móviles, tienen el balance de blancos, una función que permite la corrección de las dominantes de color de los diferentes tipos de luz mediante la compensación.  Simplemente debes saber cuál es la dominante de color que estás utilizando para modificarla y lograr captar los colores que estás observando o que estás buscando.

Además del balance preestablecido, las cámaras permiten imitar la luz incandescente, la luz solar, fluorescente o nublado, entre otras. Además, también puedes establecer un valor de balance de blancos personalizado con un rango Kelvin. (Ojo, en las cámaras funciona al revés, los valores más altos corresponden a los tonos más cálidos y viceversa) 

Si la luz es demasiado fría puedes añadir calidez y si, por el contrario, es demasiado cálida puedes añadir frío.

En definitiva, a nuestro alrededor hay luces más cálidas y más frías (y no solo ocurre con la luz artificial), la luz del atardecer es mucho más cálida que la del mediodía. Todos esos tonos diferentes que adquiere la luz y que interpreta nuestro cerebro es lo que llamamos temperatura de color y en nuestra cámara fotográfica se puede compensar con el balance de blancos.

 

Utiliza el formato RAW y corrige la temperatura en la edición

Otra posibilidad a la hora de corregir la temperatura de color de una fotografía es su edición posterior. Para ello, te recomendamos que previamente trabajes con el formato RAW.

Usar un formato que no sea RAW, como JPEG, implica perder una gran cantidad de datos, ya que la cámara determina valores fijos (comprime la información) sin admitir cambios posteriores. En cambio, el formato RAW es una imagen sin procesar, en crudo. Esto significa que podrás aplicar todos los ajustes que necesites en el procesado posterior, incluida la corrección de la temperatura de color.

En Photoshop, por ejemplo, existen varias formas de ajustar la temperatura de color. Aunque quizás la más rápida sea accediendo a Imagen- Ajustes –Equilibrio de color. Si tienes una temperatura de color fría y quieres hacerla más cálida solo tienes que añadir amarillo y rojo.

 

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A continuación, puedes ver la misma fotografía en dos versiones diferentes; en una hemos añadido amarillo y rojo (tonos cálidos) y en la otra magenta y azul (tonos fríos).

 

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Aunque existen otras opciones. En el siguiente video del fotógrafo Kike Arnaiz puedes ver un breve tutorial en el que te explica cómo hacer un balance de blancos con Photoshop. 

 

¿Cómo nos afecta la temperatura de color?

Como has podido comprobar, la temperatura de color es una característica de la luz que tiene mucho que ver con el tono de color de nuestras fotografías. Sin embargo, su influencia va más allá del aspecto estético del entorno que nos rodea. También puede influir en nuestro estado de ánimo e, incluso, en nuestra calidad de vida.

Con la introducción de la luz artificial en momentos del día donde naturalmente debería existir oscuridad, y según el tiempo de exposición, la intensidad o la longitud de onda utilizada, se puede ver alterado nuestro ritmo biológico, el llamado ritmo circadiano.

A lo largo del día, nuestro cerebro está sometido a un baño constante de luz natural, y la mayoría es luz azul. Esto no implica un problema, ya que nuestro cuerpo entiende que debemos mantenernos despiertos. Sin embargo, la exposición a la luz azul artificial (pantallas de móviles, ordenadores, televisor, tablets, etc.) a hora de dormir, puede llevarnos a sufrir trastornos del sueño.

En nuestra vida cotidiana pasamos muchas horas bajo luz artificial, incluso de noche, creando en nuestro cerebro dudas de en qué momento del día nos encontramos y alterando la hormona del sueño.

Por otro lado, muchos estudios han demostrado que los colores fríos pueden asociarse con la serenidad, la calma y la paz, pero también con la soledad e incluso la tristeza. Además, nuestro estado de ánimo puede afectar a la forma en la que vemos los colores.  Recuerda que es el cerebro el que los procesa.

En un estudio de 2010, en el que se evaluó a 50 pacientes con depresión, se averiguó que la enfermedad afectaba a la cantidad de contraste de color que los sujetos podían apreciar en un objeto.  Además, cuanta mayor era la depresión, menor sensibilidad al contraste tenía el paciente.

Las investigaciones también concluyeron que los tonos amarillos estaban más asociados con estados de ánimo positivos, mientras que los tonos fríos y grises estaban relacionados con sentimientos de tristeza, depresión o ansiedad.

Estos datos pueden ayudarte a la hora de elegir el tono o la temperatura de color de tus fotografías y transmitir con ellas diferentes emociones o sensaciones.

 

Temperatura de color: conclusiones

Como has podido comprobar, la temperatura de color es un factor que influye notablemente, no solo en el aspecto de las cosas o en la fotografía, también en nuestro estado de ánimo y en nuestra calidad de vida.

Nuestro cerebro es capaz de interpretar y compensar la diferencia de temperatura de color, por lo que somos capaces de reconocer el color de objetos familiares incluso cuando las circunstancias de iluminación cambian. Sin embargo, las cámaras fotográficas no tienen esa capacidad, por lo que necesitamos utilizar la función balance de blancos.

De todos modos, en la percepción del color influyen muchos factores psicológicos y ambientales y no todos interpretamos los colores de la misma forma. Además, uno de los aspectos que más influye en los colores es el color de la luz. Así, la luz que percibimos como fría contiene más azul que la luz cálida o amarillenta. 

En conclusión, sin una buena fuente de luz es imposible fotografiar o filmar nada, por ello es importante que tengas en cuenta los diferentes tipos de iluminación y domines la temperatura de color. Esperamos que nuestro artículo haya aclarado tus dudas en este aspecto.

Si quieres profundizar más en los diferentes tipos de luces o en las paletas de colores en el cine, te recomendamos la lectura de los Tipos de luces en cine, desde el contraluz hasta la luz de relleno y La paleta de colores en el cine: ¡Secuencias cromáticas!

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