Roma da para muchísimas películas porque, en el fondo, son varias ciudades a la vez. Está la Roma mítica de Rómulo y Remo, la de los emperadores y las legiones, la de los cristianos perseguidos, pero también la Roma de la posguerra, la de la Via Veneto, la de la mafia, la política y el turismo. Por eso nuestro recorrido por las mejores películas sobre Roma se divide en dos grandes bloques: la Antigua Roma y la Roma contemporánea.
Películas sobre la Antigua Roma
Aquí entran títulos ambientados en distintas etapas del mundo romano, desde el mito fundacional hasta el declive del Imperio. Hay peplum clásico, superproducciones de Hollywood, historias de frontera, catástrofes y producciones centradas en emperadores.
En este caso, las películas están ordenadas por año de estreno dentro de cada sección, para que el recorrido también te enseñe cómo ha cambiado la forma de filmar Roma con el paso del tiempo.
Agarra las palomitas. Comenzamos!!!!
Fundación de Roma
Este bloque va al origen de todo: la leyenda de la ciudad y ese punto a medio camino entre mito, violencia y destino. No hay muchas películas dedicadas solo a esta etapa, pero sí alguna bastante representativa del peplum europeo.
Rómulo y Remo (1961)
Película italiana centrada en el mito de los dos hermanos que acabarán fundando Roma. Tiene aventura, rivalidad y ese tono de gran relato fundacional que encaja muy bien con el cine histórico de los sesenta.
Por qué verla: porque es la forma más directa de entrar en la leyenda de Roma desde el cine clásico.
República Romana
La República ha dado mucho juego en pantalla porque mezcla expansión militar, rebeliones y un sistema político que ya enseñaba grietas por todas partes. Aquí conviven esclavos sublevados, aventuras derivadas del mito de Espartaco y propuestas más desmadradas ambientadas en la arena.
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Espartaco (1960)
Un esclavo tracio lidera una gran rebelión contra Roma en uno de los grandes títulos del cine histórico. La película mezcla épica, mensaje político y espectáculo a gran escala.
Por qué verla: porque sigue siendo una referencia total cuando se habla de rebelión, Imperio y cine clásico de gran formato.
El hijo de Espartaco (1962)
Producción italiana que imagina las aventuras del supuesto hijo de Espartaco años después de la revuelta. Va más por la aventura popular que por el rigor histórico, pero conserva bien el tirón del personaje original.
Por qué verla: porque enseña cómo el cine italiano estiró el universo espartaquista por caminos más ligeros.
La Arena (1974)
Se centra en gladiadoras y en el espectáculo del combate dentro de una Roma tardorrepublicana muy libremente recreada. Tiene mucho de exploitation setentera, y la verdad, tampoco lo disimula.
Por qué verla: porque aporta una rareza curiosa dentro del cine romano y cambia un poco el tipo de héroe habitual del género.
Final de la República
En esta etapa, Roma ya no solo conquista: también empieza a despedazarse desde dentro. El cine suele acercarse a este momento a través de grandes figuras políticas y relaciones marcadas por la ambición, el romance y la caída.
Cleopatra (1963)
Superproducción centrada en Cleopatra, Julio César y Marco Antonio en el siglo I a. C. Más que una lección de historia estricta, funciona como gran melodrama político con decorados, vestuario y estrellas a lo grande.
Por qué verla: porque convierte el final de la República en un espectáculo monumental que sigue teniendo muchísimo tirón visual.
Alto Imperio
Este es el bloque con más títulos, y tiene sentido. Aquí aparecen Nerón, Claudio, Calígula, Marco Aurelio, Cómodo y los primeros cristianos, es decir, el periodo donde el cine ha encontrado más lujo, más decadencia y más conflicto.
La señal de la cruz (1932)
Ambientada bajo Nerón, muestra la persecución de los cristianos con todo el dramatismo del gran cine clásico temprano. Roma aparece ya como espacio de exceso, crueldad y espectáculo.
Por qué verla: porque fue una de las primeras grandes recreaciones de la Roma imperial en Hollywood.
Quo Vadis (1951)
Un oficial romano se enamora de una cristiana en tiempos del incendio de Roma y la persecución bajo Nerón. Combina romance, religión y gran aparato visual.
Por qué verla: porque es uno de los títulos que mejor fijaron la imagen de la Roma imperial para el gran público.
La túnica (1953)
Sigue a un tribuno romano marcado por la crucifixión de Jesús y por la expansión del cristianismo en el Imperio. Todo está pensado para lucir grande y solemne.
Por qué verla: porque es una película muy representativa del péplum religioso y de la espectacularidad del Hollywood de los cincuenta.
Ben-Hur (1959)
Judea bajo dominio romano, traición, castigo, redención y una de las carreras de cuadrigas más famosas de la historia del cine. Roma no siempre está en el centro del plano, pero sí en el centro del poder.
Por qué verla: porque es uno de los grandes clásicos del cine histórico y sigue funcionando con una fuerza tremenda.
Mesalina (1960)
Intrigas de corte, deseo y manipulación alrededor de Mesalina, esposa del emperador Claudio. Tiene un tono mucho más de escándalo palaciego que de reconstrucción rigurosa.
Por qué verla: porque resume muy bien esa Roma de cine donde poder y exceso van siempre de la mano.
Barrabás (1961)
Cuenta la vida del hombre liberado en lugar de Jesús y su paso por un Imperio que empieza a toparse con la nueva fe cristiana. Tiene un tono grave y bastante introspectivo dentro del marco del cine bíblico.
Por qué verla: porque ofrece una perspectiva distinta sobre la Roma imperial y el cristianismo temprano.
La caída del Imperio Romano (1964)
Parte del final del reinado de Marco Aurelio y muestra la llegada de Cómodo y la crisis política que sigue. Es una película ambiciosa, muy grande en escala y en intención.
Por qué verla: porque plantea la decadencia de Roma como gran tragedia histórica, no solo como telón de fondo.
Calígula (1979)
Retrato extremo del emperador Calígula, cargado de violencia, sexo y locura cortesana. Es una película polémica y desmedida, más interesada en el exceso que en la precisión histórica.
Por qué verla: porque es una visión totalmente pasada de vueltas del poder romano y se ha convertido en un título de culto extraño.
Neón y Popea (1982)
Otra aproximación a la corte de Nerón y a su relación con Popea, con un tono de explotación histórica muy marcado. Va directa a la decadencia imperial sin demasiados rodeos.
Por qué verla: porque completa ese imaginario tan cinematográfico de Nerón como símbolo del exceso romano.
Gladiator (2000)
Un general traicionado por Cómodo termina en la arena convertido en gladiador y decide buscar venganza. La película combina drama personal, política imperial y batallas diseñadas para el gran público.
Por qué verla: porque devolvió el cine romano al centro del blockbuster moderno.
Conflictos en las fronteras
Roma no se entiende solo desde el Senado o el Coliseo. También se construyó en los márgenes, en campañas militares lejanas y en territorios donde el control imperial nunca fue del todo estable.
Centurión (2010)
Sigue a varios soldados romanos en Britania alrededor del mito de la Novena Legión desaparecida. Tiene mucho de persecución, barro y supervivencia en territorio hostil.
Por qué verla: porque enseña una Roma más física, más sucia y bastante menos monumental.
El águila (2011)
Años después de que desaparezca la Novena Legión, un joven oficial romano viaja al norte de Britania para recuperar el águila de su padre y lavar el honor de su familia.
Por qué verla: porque es una aventura histórica sobria, más de caminos y barro que de grandes batallas, y se toma en serio la historia de la legión perdida.
Bajo Imperio y declive
Cuando el Imperio empieza a deshacerse, cambia también el tipo de relato. Aparecen más dudas, más tensiones religiosas y menos sensación de poder absoluto.
Ágora (2009)
Ambientada en Alejandría entre los siglos IV y V, sigue a Hipatia en un momento de choque entre ciencia, política y religión. Roma está ya en fase de transformación, y eso se nota en todo el contexto.
Por qué verla: porque mira el final de la Antigüedad desde una esquina del Imperio poco habitual en pantalla.
Catástrofes en territorio romano
Roma también sirve para el cine de desastre, claro. Y pocas imágenes tienen tanto tirón como una ciudad romana al borde de quedar sepultada bajo ceniza y fuego.
El incendio de Roma (1965)
Superproducción italiana ambientada en tiempos de Nerón, centrada en el regreso del cónsul Marco Valerio tras una campaña en la Galia. Al volver, se encuentra con Roma ardiendo y con una trama de persecuciones, conspiraciones imperiales y conflicto directo con las órdenes del emperador.
Por qué verla: porque, aunque juega dentro del peplum más clásico, ofrece una mirada muy directa al mito del incendio de Roma y al choque entre obediencia al Imperio y principios personales.
Pompeya (2014)
Historia de amor, gladiadores y venganza con la erupción del Vesubio de fondo. No va precisamente por el realismo estricto, pero sí por el espectáculo y la tensión constante.
Por qué verla: porque lleva a pantalla una de las catástrofes más conocidas del mundo romano con formato de gran producción.
Producciones centradas en emperadores
Este apartado reunimos títulos que se detienen de forma más directa en figuras imperiales concretas. Las historias se centran más en el retrato político y familiar que la batalla o el gran gesto épico.
Yo, Claudio (1976)
Serie británica que recorre la historia de la familia imperial desde Augusto hasta Nerón, con Claudio como narrador y observador. Tiene mucho diálogo, mucha intriga y personajes muy bien dibujados.
Por qué verla: porque sigue siendo una referencia clarísima sobre cómo contar Roma desde la interpretación y la conspiración palaciega.
Calígula (1979)
Una de las producciones más polémicas y explícitas de la historia del cine, centrada en el ascenso y caída del emperador Calígula. Protagonizada por Malcolm McDowell, lleva al extremo los excesos, la depravación y la violencia de su corte, con una mezcla de drama histórico y erotismo muy explícito.
Por qué verla: porque, más allá del morbo y la polémica, se ha convertido en un título de culto que retrata el poder absoluto desde la exageración, el escándalo y la caída en picado de su protagonista.
Augusto (2003)
Miniserie centrada en el ascenso del primer emperador y en el paso de la República al Imperio. Busca condensar un momento decisivo de la historia romana en clave accesible.
Por qué verla: porque ayuda a poner cara al gran cambio político que redefinió Roma para siempre.
Nerón (2004)
Producción televisiva sobre la vida de Nerón, desde su ascenso hasta la caída. Revisa una de las figuras más explotadas del imaginario romano.
Por qué verla: porque vuelve sobre uno de los emperadores más filmados y más ambiguos del género.
Películas ambientadas en la Roma contemporánea
En este segundo bloque, Roma deja de ser capital del Imperio para convertirse en una ciudad viva, contradictoria y muy filmable. Aquí entran la posguerra, el neorrealismo, la noche elegante, la periferia, la política, el crimen y también la mirada de quien llega desde fuera. Los títulos también están ordenados por año de estreno dentro de cada sección.
Clásicos del cine italiano
Si hoy tenemos una imagen tan marcada de Roma en pantalla, es en buena parte por estas películas. Unas enseñan la ciudad herida y pobre de la posguerra; otras, la convierten en escenario de fiesta, vacío, memoria o periferia.
Roma, ciudad abierta (1945)
Rossellini filma Roma durante la ocupación nazi y la resistencia desde las calles, casi pegado a la realidad del momento y con esa energía directa que asociamos al neorrealismo. La ciudad aparece golpeada por la guerra, pero sigue siendo un espacio muy vivo, reconocible, lleno de gente que intenta seguir con su vida como puede.35 mm+2
Por qué verla: porque es una de las películas que abren la puerta al neorrealismo y marcan el camino de cómo se iba a filmar la Roma de posguerra y la Roma moderna.
El ladrón de bicicletas (1948)
Un padre busca desesperadamente su bicicleta robada mientras recorre la ciudad con su hijo. Roma aquí no es postal, es necesidad, trabajo y desgaste diario.
Por qué verla: porque muestra una de las imágenes más honestas y más duras de la posguerra italiana.
La dolce vita (1960)
La Via Veneto, las fiestas, los paparazzi y un periodista que se mueve entre lujo y vacío existencial. Fellini convierte Roma en un símbolo de fascinación y desgaste moral al mismo tiempo.
Por qué verla: porque definió para siempre la imagen glamourosa y decadente de la ciudad.
Mamá Roma (1962)
Pasolini se va a la periferia y sigue a una mujer que intenta rehacer su vida junto a su hijo. La ciudad aparece desde abajo, lejos del brillo turístico.
Por qué verla: porque enseña otra Roma, más dura, más marginal y muchísimo más terrenal.
Roma (1972)
Fellini compone una visión autobiográfica, caótica y profundamente personal de la ciudad. No cuenta una historia cerrada, más bien propone un paseo libre entre recuerdos, estampas y exageraciones.
Por qué verla: porque pocas películas captan tan bien lo desordenada, excesiva y fascinante que puede ser Roma.
Crimen, política y corrupción
Roma no es solo ruina bonita y plaza monumental. También es centro de poder, despachos, pactos oscuros, mafias y redes donde política, dinero y religión a veces se mezclan demasiado.
Roma Criminal (2005)
Cuenta el ascenso de la Banda della Magliana y su vínculo con el crimen organizado y el poder en la capital italiana. Tiene pulso de thriller y mucha conciencia del contexto social que retrata.
Por qué verla: porque dibuja una Roma criminal muy concreta, muy áspera y bastante creíble.
El divo (2008)
Paolo Sorrentino retrata a Giulio Andreotti y a la Roma política que lo rodea con un estilo frío, elegante y afilado. La ciudad aparece como un centro de poder casi opaco.
Por qué verla: porque convierte la política romana en un espectáculo raro, sofisticado y bastante incómodo.
Suburra (2015)
Mafia, Vaticano, políticos y especulación urbanística se cruzan en una Roma donde todo parece negociarse. El resultado es seco, oscuro y muy de barro institucional.
Por qué verla: porque retrata la ciudad como un tablero de intereses cruzados sin apenas zonas limpias.
Roma íntima y existencial
Hay otra Roma más callada, menos de monumento y más de estado de ánimo. En estas películas la ciudad sirve para hablar de soledad, de desgaste, de deseo y de relaciones que no terminan de encajar.
Las consecuencias del amor (2004)
Película contenida y fría sobre un hombre aislado, atrapado en una vida gris marcada por el crimen y la rutina. Aunque no se recrea en la postal turística de Roma, sí conecta con esa Italia urbana silenciosa y cansada que también forma parte de su imaginario contemporáneo.
Por qué verla: porque propone una mirada seca y muy sobria sobre personajes que viven al margen del brillo exterior.
La gran belleza (2013)
Un escritor envejecido deambula por la alta sociedad romana entre fiestas, arte, ruinas y una sensación continua de vacío. La ciudad es hermosa, excesiva y un poco triste, todo a la vez.
Por qué verla: porque es uno de los retratos más seductores y más melancólicos de la Roma actual.
La diosa fortuna (2019)
Drama sentimental ambientado en la Roma contemporánea, centrado en una pareja y en los vínculos que se tensan cuando la vida se complica. Tiene un tono más cercano, menos grandilocuente, más de intimidad cotidiana.
Por qué verla: porque baja a una escala humana y enseña una ciudad vivida desde dentro, sin tanto artificio.
Miradas internacionales sobre Roma
Roma también ha sido, muchas veces, una ciudad observada desde fuera. Turistas, expatriados, investigadores o personajes de paso la convierten en experiencia sensorial, escenario de intriga o parada sentimental.
El talento de Mr. Ripley (1999)
Aunque se mueve por varios lugares de Italia, una parte de su mundo pasa por Roma y por ese universo de elegancia, deseo e impostura. La ciudad refuerza muy bien la idea de belleza un poco peligrosa que atraviesa toda la película.
Por qué verla: porque usa Roma como espacio sofisticado, atractivo y también algo venenoso.
Ángeles y demonios (2009)
Thriller conspirativo que recorre Roma y el Vaticano a toda velocidad, enlazando iglesias, plazas y secretos ocultos. Está pensada casi como una gincana histórica para el espectador.
Por qué verla: porque aprovecha el tirón visual y simbólico de Roma como pocas superproducciones recientes.
Comer, rezar, amar (2010)
La protagonista llega a Roma para reencontrarse con el placer de comer, pasear, estudiar italiano y, en el fondo, empezar de nuevo. Aquí la ciudad es experiencia vital, placer y reinicio personal.
Por qué verla: porque representa muy bien esa mirada extranjera que convierte Roma en lugar de pausa y redescubrimiento.
Roma como imagen
Llegamos al final de nuestro recorrido por algunas de las mejores películas sobre Roma.
Si hay una ciudad que permite entender cómo la luz, el encuadre y la composición cambian por completo una película, esa es la capital de Italia. No se rueda igual una plaza barroca al amanecer, una calle de posguerra, una villa imperial o una fiesta nocturna en una terraza romana; y justo ahí es donde la dirección de fotografía marca la diferencia entre una escena correcta y una que se te queda grabada en la memoria.
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