Ennio Morricone: así creaba sus bandas sonoras

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Ennio Morricone concebía cada banda sonora como un experimento emocional y técnico siempre al servicio de la imagen, pero con vida propia y autonomía en cada pieza musical.

Su metodología de raíces clásicas, unida a una curiosidad por el sonido y sobre todo su pasión radical por la expresividad, fue lo que le ayudó a construir algunos de los universos sonoros más reconocibles en el mundo cinematográfico.

En este artículo te mostraremos cómo fue el proceso creativo de algunas de sus composiciones que hoy en día continúan resonando en nuestra cabeza sorteando el paso del tiempo. Quédate, porque es un verdadero paseo musical. ¡Comenzamos!

Dramatismo eterno antes que las notas

Cuando pensamos en un compositor de manual, podemos visualizarlo frente a sus partituras, completando pentagramas sin parar. En cambio, Morricone no empezaba por los acordes, sino por la función dramática que la música debía cumplir en la película. Para él, el primer “instrumento” era el guion, la psicología de los personajes y el ritmo del montaje.

Creaba su música para enfatizar o generar la atmósfera del ambiente, ya hubiese tensión, ironía, piedad, violencia o ternura. Cada nota expresaba una emoción realizada a medida para la película.

Sus trabajos con directores muy variados, como Sergio Leone, Roland Joffé o Brian De Palma, exigían una escucha activa, primero debía entender lo que el director quería plasmar, para luego definir el tipo de energía sonora. En el documental Ennio, el maestro, personas que trabajaron como él, lo han definido como un gran psicólogo.

Así pues, una vez analizado el conflicto central que mostraría la película, Morricone daba luz a células melódicas sencillas, fácilmente reconocibles, que podían variar rítmica y armónicamente según la evolución de la escena. Veamos algunos ejemplos para un mayor entendimiento.

En la película La misión (1986), con título original The Mission, el tema Gabriel’s Oboe nace de una línea melódica clara, casi coral, que debía encarnar la espiritualidad del personaje, chocando con el contexto violento de la selva y la colonización.
Si la escuchas, quizás pueda notar como la melodía se convierte en un motivo dramático que reaparece orquestado de formas distintas, como si la propia música viviera el conflicto moral. A continuación, el enlace para que puedas deleitarte.

El segundo ejemplo lo apreciamos en el filme El bueno, el feo y el malo (1966). Aquí, Morricone no parte de una progresión de acordes que pueda resultar bonita, sino del propio conflicto entre los tres antihéroes del western.

Su tema principal se constituye, así pues, como un grito, casi un aullido, al que se van sumando silbidos, guitarras eléctricas, trompetas, campanas y percusiones que causan estupor y acción.

Es increíble como cada elemento sonoro está pensado para subrayar la tensión, la ironía y el duelo psicológico entre los personajes. Por favor, no dejes de escucharlo a continuación, de seguro te encantará.

También, en la producción, Érase una vez en América (1984), nos quitamos el sombrero con su tema Deborah’s Theme. Una melodía sencilla y melancólica, casi infantil, que reaparece transformada según el momento vital del personaje, actuando la música como la conciencia del protagonista.

En el siguiente vídeo puedes ver al propio Ennnio, con casi ochenta años, orquestándola como si no contase el paso del tiempo:

Sincronización milimétrica: el “hombre del cronómetro”

Ahora que hemos conocido algunas de sus composiciones vamos a contarte el porqué de la perfección de estas. Aparte del dramatismo, una de las claves técnicas de su método era su obsesión por la perfecta sincronía entre la imagen y la música.

No se trataba solo de que un golpe musical coincidiera con un corte de montaje, sino de que la curva de tensión sonora se acoplase al arco dramático del plano o de la secuencia con precisión de décimas de segundo.

En sus sesiones de grabación exigía repetir fragmentos hasta que la entrada de un acorde, un tutti de metales o un silencio coincidiera por completo con un gesto concreto del actor, un giro de cámara o la aparición de un paisaje. Sin lugar a duda, un rigor excelente, que le valió su apodo como “el hombre de la sincronización y el cronómetro”.

En muchas películas de Leone, la música se componía y grababa antes del rodaje, para que el director pudiera filmar con la banda sonora sonando en el set. Esto invertía el proceso tradicional y hacía que la puesta en escena respirara literalmente al ritmo de la música.

Por ejemplo, en la Trilogía del dólar de Sergio Leone, las pausas en los duelos, las miradas y los acercamientos de cámara están coreografiados con las entradas de guitarras, silbidos y metales. Si tienes tiempo, puedes contemplar el siguiente duelo final de la Muerte Tenía un Precio, con la música de Ennio y que te pondrá los pelos de punta.

Escritura melódica: sencillez aparente con complejidad debajo

Aunque su formación era profundamente académica Morricone prefería ideas melódicas claras que a veces cantaba previamente y luego escribía con intervalos fuertemente expresivos.

Frecuentemente usaba motivos breves (dos a cuatro compases) que se repetían con variaciones sutiles de orquestación, armonía y ritmo.

Su gran truco técnico era superponer a esa melodía aparente una arquitectura armónica muy trabajada. Lo conseguía con el uso de modos, cromatismos suaves, tensiones controladas, modulaciones no obvias que mantenían el interés, incluso cuando la melodía se repetía.

Muchos de sus temas funcionan sobre ostinati rítmicos o armónicos que crean un colchón hipnótico sobre el cual la melodía se eleva. Un ejemplo de ello es el visto anteriormente, con la banda sonora de El bueno, el feo y el malo:

Su tema principal se basa en un ostinato armónico insistente y un crescendo orquestal que va sumando capas: voz solista, coros, metales, percusión. Y a la vez, la melodía, aparentemente simple, se expande en intensidad más por acumulación tímbrica y dinámica que por complejidad de notas.

Digamos que es una obra de arte total que eleva los sentidos.

Orquestación: mezclar lo aparentemente impuro

Morricone pensaba en la orquestación como un laboratorio de mezclas impuras, donde lo clásico, lo popular y lo experimental se encontraban en el mismo espacio sonoro, para formar la obra que él ya tenía en su mente antes de escribirla.

En sus partituras se combinan cuatro elementos aparentemente incompatibles, pero que juntos bajo sus manos formaban un universo melódico, su banda sonora:

  • La Orquesta sinfónica tradicional con cuerdas, vientos madera, vientos metal, y percusión.
  • Instrumentos eléctricos ya fuesen guitarras, bajo, órgano u sintetizadores.
  • Uso de voces solistas y coros tratados como si de instrumentos se tratase.
  • También el uso por objetos cotidianos y efectos sonoros como: látigos, campanas, cristales, cajas de madera o incluso respiraciones.

Experimentación sonora y música concreta

Como te contábamos anteriormente, usaba ruidos, respiraciones, golpes, fricciones y sonidos ambiente que, organizados rítmica y tímbricamente, adquirían función musical. Incorporó pues, procedimientos cercanos a la improvisación controlada con una influencia dada de su participación en el Gruppo di Improvvisazione Nuova Consonanza y también de la vanguardia europea.

Los apreciamos en Érase una vez en el Oeste (1968) con el chirrido de un molino, goteos, pasos, crujidos que forman un paisaje sonoro muy estructurado que parece más bien una pieza de música experimental antes de que entren los instrumentos tradicionales.

Aquí, puedes hacerte una idea:

De la dodecafonía al arreglo tonal: pensar como “arquitecto” del sonido

Otro de sus rasgos técnicos que fue muy importante era su manera de trasponer principios de la música dodecafónica a un contexto tonal accesible.

La idea de arreglo musical como algo creativo y no meramente decorativo es suya, así pues, no solo armonizaba una melodía, sino que construía una estructura sonora propia. De esta manera, creaba armonías más fáciles de escuchar para el gran público consiguiendo principalmente estos tres objetivos:

  • La creación de tensiones sutiles sin perder el centro de la composición
  • Plasmar climas psicológicos complejos con recursos modernos.
  • Hacer que la orquesta no un fuera simple fondo, sino el protagonista dramático.

Un ejemplo lo apreciamos en Los intocables (1987)

Textura antes que virtuosismo

Le interesaba más la textura global y la expresividad del conjunto que el lucimiento individual de los intérpretes.

Le encantaba priorizar las capas sonoras que estuviesen bien diferenciadas (melodía, ostinato, colchón armónico, percusión) para que el oyente pudiera detectar la estructura aun en medio de una orquesta grande.

También, algo muy interesante era su juego con la proximidad/lejanía de los instrumentos (una trompeta muy cercana y seca frente a cuerdas lejanas y reverberadas) para cargar de significado espacial la mezcla.

Pasión y disciplina en el genio creativo

Ennio Morricone trabajaba como un artesano meticuloso, pero con la intensidad emocional de alguien que se jugaba algo vital en cada compás.

Su método combinaba tres niveles inseparables: rigor académico, curiosidad experimental y compromiso emocional; la convicción frente a todo de que la música debía conmover, no solo impresionar intelectualmente.

Por todo ello, Morricone ha demostrado que la verdadera modernidad musical puede ser profundamente popular sin renunciar a la complejidad, siempre que detrás haya oído, inteligencia y una fe absoluta en el poder de la música para contar historias.

Te dejamos a continuación una recopilación de sus mejores bandas sonoras, para que si no te gustaba, termine de gustarte:

Resumen de aspectos técnicos y expresivos en bandas sonoras

 

Película / obra Año Rasgo técnico central Elemento expresivo destacado
Por un puñado de dólares 1964 Uso pionero de guitarras eléctricas y motivos rítmicos segmentados Cabalgatas y duelos coreografiados por la música.
El bueno, el feo y el malo 1966 Ostinati, crescendos orquestales, mezcla de timbres “impura” Tema icónico con silbidos y gritos, épica e ironía a la vez.
Érase una vez en el Oeste 1968 Música concreta, leitmotiv de armónica como voz del personaje Sonidos de ambiente estructurados como pieza musical.
Érase una vez en América 1984 Orquestación envolvente, trabajo espacial de la mezcla Nostalgia y memoria codificadas en melodías lentas y tímbricas.
La misión 1986 Fusión de elementos étnicos, corales y orquesta sinfónica Espiritualidad vs violencia, cristalizada en el tema Gabriel’s Oboe.
Los intocables 1987 Integración de recursos contemporáneos en una forma clásica Tensión urbana y épica moral a través del ritmo y la armonía.
The Hateful Eight 2015 Relectura del western con lenguaje oscuro y denso Atmósfera de claustrofobia y fatalismo sonoro.

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