¿Qué errores de edición cometen los principiantes y cómo evitarlos?

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Ahí estás, delante del ordenador. Has abierto por primera vez un programa de edición y la pantalla… bueno, asusta un poco. Ves un montón de ventanas, botones por todas partes y esa línea de tiempo que no sabes ni por dónde cogerla. Tu carpeta tiene 47 archivos de vídeo mirándote. «Vale, y ahora… ¿por dónde empiezo?». ¿A qué te suena familiar? Tranquilo, que todos hemos pasado por ahí.

Esos pequeños fallos que ahora mismo te están volviendo loco, esas dudas que hacen que repitas lo mismo mil veces… son exactamente los mismos errores con los que se encuentran casi todos cuando empiezan. No te preocupes, es normal.

En este artículo vamos a hablar de esos fallos típicos de cuando empiezas en la edición de vídeo. Pero no te vamos a dejar solo con la lista de problemas, que eso no ayuda a nadie. Te vamos a explicar exactamente cómo solucionar cada uno para que tus vídeos empiecen a verse como tú quieres. Porque puedes tener las mejores imágenes del mundo, pero si luego fallas en lo básico… pues como que no sirve de mucho, ¿no?

Venga, vamos a ver cuáles son esos fallos de novato en edición de video y cómo puedes evitarlos.

¡Comenzamos!

1. Tu proyecto parece que ha explotado: el caos del desorden

Si hay algo que delata a un editor novato es abrir su proyecto y encontrarte… el desastre total. La línea de tiempo está que da miedo: clips por aquí, clips por allá, pistas de audio montadas unas encima de otras. Y los nombres de los archivos, madre mía: Video_001_FINAL.mov, Video_001_FINAL_definitivo.mov, Video_001_FINAL_AHORA_SI_QUE_SI.mov.

Trabajar así es como intentar montar un mueble con las piezas repartidas sin ningún orden por toda la casa. ¿Se puede? Bueno, técnicamente sí. ¿Es una pesadilla? Totalmente. Sin un sistema pierdes muchísimo tiempo sólo buscando ese plano que necesitas. Ese momento de pánico cuando sabes que grabaste LA toma perfecta pero no tienes ni idea de dónde diablos está. Y claro, si multiplicas ese momento por todas las veces que buscas algo en un proyecto largo… pues entiendes por qué organizar no es ser maniático, es ser práctico. Te estás gastando toda tu energía en buscar archivos en vez de en lo que de verdad importa: contar tu historia.

¿Y cómo arreglamos este desaguisado?

Pues la solución empieza antes incluso de abrir el programa. Antes de tocar nada, nada, dedica solo diez minutos a ordenar. Hazte una estructura de carpetas en tu ordenador. Algo sencillito: una carpeta principal del proyecto y dentro metes subcarpetas tipo 01_Brutos, 02_Proyecto, 03_Audio, 04_Graficos y 05_Exports. Y después, aunque da pereza, renombra los clips con algún sentido. Puedes usar algo como [Fecha][Escena][Toma]. Sí, es un rollo al principio pero te ahorra horas después.

Cuando ya estés en el programa, no lo tires todo junto en el mismo sitio. Crea carpetas separadas: una para entrevistas, otra para planos bonitos de recurso, otra para música… Un proyecto ordenado no es solo que se edite más rápido. Es que se edita mejor. Tienes la cabeza más clara y cometes menos errores tontos. Todo fluye mucho mejor.

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2. El audio: ese detalle «sin importancia» que lo fastidia todo

Vale, vamos a ser sinceros. El audio es la mitad de un vídeo, pero muchas veces lo tratamos como si fuera un 5% como mucho. Y es un error tremendo. Puedes grabar con la mejor cámara del mercado, pero si el sonido está mal, la gente va a cerrar tu vídeo. Un espectador perdona una imagen regular, pero un audio horrible es insufrible.

El fallo más típico es mezclar mal los niveles. ¿Has visto esos vídeos donde la música está tan alta que no entiendes lo que dice la persona? O cuando la voz está tan fuerte que la música ni existe. Es un equilibrio delicado, y los principiantes suelen pisarlo todo. Otro error garrafal: no igualar los volúmenes. Grabas un trozo con el micro del móvil, otro con un lavalier, y metes una canción de internet. Cada fuente suena diferente. Si las pegas sin más, el resultado saca al espectador de la historia. Y la sincronización… si el audio va por separado y no cuadra, verás ese efecto rarísimo donde la boca dice una cosa y se oye otra.

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¿Cómo arreglamos este desastre sonoro?

Lo primero, escucha de verdad, con auriculares decentes. Los altavoces del portátil no valen. Ponte los cascos y presta atención solo al audio. La norma básica: el diálogo tiene que entenderse siempre. La música acompaña, no compite. Un buen punto de partida es poner la voz principal entre -6dB y -12dB en los picos. La música de fondo sobre -18dB o -25dB.

Antes de mezclar, usa la función de normalizar para que todas las voces partan del mismo volumen. Y para sincronizar, el truco de la palmada sigue funcionando, aunque Premiere o DaVinci tienen herramientas automáticas geniales.

Consulta nuestro artículo relacionado; ¿Cuáles son las mejores técnicas para editar al ritmo de la música como un profesional?

3. La fiesta de las transiciones: cuando PowerPoint 98 vuelve a tu vida

Este es otro clásico total. El editor principiante descubre el menú de transiciones y… buf, es como darle caramelos a un niño. ¡Estrellitas que explotan! ¡Páginas que se doblan! ¡Cubitos 3D! Y entonces decide que cada corte necesita su propio espectáculo pirotécnico. El resultado parece una presentación del instituto.

¿Sabes cuál es el problema? Que tantos efectos consiguen justo lo contrario de lo que buscas. En vez de darle vidilla al vídeo, lo convierten en algo cutre. Una buena edición pasa desapercibida; el que mira no debería ni darse cuenta de los cortes. Cada vez que pones una transición de remolino lo que haces es gritarle: «¡EH! ¡MIRA! ¡ESTOY EDITANDO!». Y claro, lo sacas completamente de la historia.

¿Cómo solucionamos esta tentación?

La respuesta duele un poco: en el 95% de los casos, el mejor efecto es no poner efecto. Un corte directo, sin más. De un plano al siguiente. Pum. Es lo que estamos acostumbrados a ver, funciona y no distrae.

¿Que nunca hay que usar transiciones? No, hombre, pero con cabeza. Un fundido a negro va genial para marcar un cambio de capítulo. Un encadenado suave puede mostrar que ha pasado tiempo. Pero úsalas siempre para lo mismo en todo el vídeo. La uniformidad te hace parecer que sabes lo que haces.

4. El ritmo que no existe: entre el aburrimiento y el mareo

El ritmo es eso que no sabes definir pero que notas enseguida. Es lo que hace que un vídeo te atrape desde el inicio o que a los 10 segundos ya estés mirando Instagram. Es cómo fluye todo: cuánto dura cada plano, cuándo cortas, cómo encadenas las escenas. Es encontrar el punto justo entre no aburrir y no marear.

Los novatos normalmente se van a uno de los extremos. O se enamoran de sus tomas y las dejan ahí eternamente (tres segundos de escritorio, cinco más del mismo escritorio…) y el espectador se duerme. O se ponen modo TikTok y cortan cada segundo sin ton ni son, creando un caos que agota a cualquiera.

¿Cómo le pillamos el punto al ritmo?

El ritmo más que aprenderse, se siente. Pero hay trucos que ayudan. El primero, y duele pero es necesario: hay que ser despiadado cortando. Si un plano no aporta, fuera. Por muy bonito que sea. Esos segundos de silencio raro, ese momento donde la cámara duda… fuera, fuera. Un vídeo tiene que ser lo mejor de lo mejor, concentrado.

Adapta los planos a lo que quieres transmitir. ¿Calma? Planos largos. ¿Energía? Cortos y al grano. Y lo mejor que puedes hacer es fijarte en los que saben. Mira y analiza vídeos de creadores que te gusten. Cuenta cuánto duran sus planos. Pregúntate por qué han cortado justo ahí. Es la mejor escuela que hay.

5. Cuando la imagen está tristona: problemas con luz y color

Grabas tu vídeo, lo metes en el editor y… se ve apagado. O está tan oscuro que no se ve nada, o tan quemado que las partes blancas son un manchurrón sin detalle. Y el otro problema gordo: de nuevo la falta de uniformidad. Un clip en interior con luz amarilla, el siguiente en exterior con día nublado. Al juntarlos parece un collage mal hecho. Esa falta de uniformidad visual distrae muchísimo.

¿Cómo arreglamos estos problemillas visuales?

Lo ideal es grabarlo bien desde el principio, pero bueno, la edición te salva muchas veces. No hace falta ser un experto en etalonaje o un colorista de Hollywood. Solo tienes que pillarle el truco a cuatro controles: Exposición (el brillo general), Contraste (para dar chicha a la imagen), Temperatura de color (para quitar esos tonos amarillos o azulados raros) y Saturación (lo vivos que están los colores).

El objetivo no es la perfección, si no que todos los clips de la misma escena se vean parecidos. Coge un plano que te guste, ajústalo, y luego intenta aplicar ajustes similares al resto. La mayoría de programas te dejan copiar y pegar estos ajustes, lo que te ahorra un montón de tiempo.

Esos saltos raros que chirrían: cuando falla el raccord

Estás viendo un vídeo tan tranquilo y de repente… algo no cuadra. No sabes qué es exactamente, pero tu cerebro ha notado que algo falla. A lo mejor el personaje tenía un vaso lleno y de repente está vacío. O miraba a la izquierda y aparece mirando a la derecha. Esos son errores de raccord. Pequeños saltitos que rompen la ilusión y te recuerdan que estás viendo un montaje. Y lo peor es que una vez que los ves, no puedes dejar de notarlos.

Ojo, el raccord no es solo la posición de los objetos. También incluye la dirección de las miradas, la iluminación, hasta el tono de voz si hay diálogo. Son todos esos detalles que mantienen la coherencia entre plano y plano.

¿Cómo tapamos estos saltos?

Los planos de recurso (el famoso B-roll) son tu mejor amigo para estos casos. ¿Que en la entrevista el entrevistado ha cambiado de postura entre dos tomas? Mete un plano de sus manos o del entorno. Cuando vuelvas a él, nadie notará el cambio. El B-roll es como un puente visual que despista.

Otro truquito: corta en mitad del movimiento. Si alguien va a coger una taza, empieza con un plano general y corta a un detalle justo cuando la mano está llegando. El movimiento hace que el corte sea invisible. La acción continua engaña al ojo y todo fluye natural.

Los textos imposibles de leer (o que desaparecen en un plis)

Poner texto parece fácil, ¿no? Pues es increíble lo fácil que es meter la pata. Fuentes súper enrevesadas que no hay quien lea, texto blanco sobre fondo claro (genial para no ver nada), o textos que aparecen medio segundo y adiós muy buenas. Y luego está el tamaño: textos minúsculos que en el móvil son directamente imposibles de leer.

Otro error típico es poner demasiado texto de golpe. La gente no está leyendo un libro, está viendo un vídeo. Si metes un párrafo entero, no lo van a leer. Y si encima lo dejas poco tiempo… pues apaga y vámonos. También está el tema de la posición: textos pegados al borde que se cortan en algunas pantallas, o justo encima de elementos importantes de la imagen.

¿Cómo hacemos textos que se lean, bien?

Fácil: la legibilidad por encima de todo. Usa una tipografía simple, sin florituras: Arial, Helvetica, Roboto… funcionan de lujo. Asegura siempre el contraste. Si el fondo es complicado, ponle una sombrita al texto o una caja semitransparente oscura detrás. Eso lo separa del fondo y se lee perfectamente.

El tamaño también cuenta: que ocupe al menos un 10% de la altura de la pantalla. Y céntrate en lo esencial: máximo dos líneas de texto, mejor si es solo una.

¿Y cuánto tiempo lo dejas? Lee el texto en voz alta a ritmo normal. Ese es el tiempo mínimo, aunque siempre es mejor añadir un segundo extra por si acaso.

El vídeo en el sitio equivocado: cuando no piensas dónde lo vas a subir

Editas un vídeo espectacular en tu monitor gigante, formato panorámico 16:9. Lo subes a TikTok y… tu obra maestra se ve como una miniatura perdida en la pantalla. No adaptar el formato es un error de novato que tira por tierra todo tu trabajo.

¿Cómo evitamos este desastre?

Antes de empezar, antes de tocar nada, pregúntate: ¿dónde va este vídeo? TikTok y Reels quieren vertical (9:16). YouTube prefiere horizontal (16:9). Instagram va bien con cuadrado (1:1) o un vertical más corto (4:5). Crea tu proyecto desde el principio con el formato correcto.

Consejo: antes de publicar, mándatelo al móvil y míratelo ahí. Verás si se lee bien, si el formato está bien… Te puede ahorrar muchos disgustos.

Ir a lo loco: cuando no hay ningún plan

Por último, el error que lleva a todos los demás. Es ese impulso de ponerte a editar sin tener ni idea de qué quieres hacer. Tienes 50 clips y esperas que por arte de magia todo encaje solo. Spoiler: no funciona. Acabas con un vídeo confuso que ha tardado el triple en editarse.

¿Sabes qué pasa? Que empiezas con una idea, a mitad cambias de opinión, vuelves atrás, pruebas otra cosa… Y al final tienes un frankenstein de vídeo que no cuenta nada claro. Sin un plan, también acabas grabando de más o de menos. Te faltan planos que necesitas y tienes horas de material que no sirve para nada. Y luego está el tema del mensaje: sin estructura clara, tu audiencia se pierde. No saben qué les estás contando ni por qué deberían seguir viendo.

¿Cómo lo arreglamos?

La solución es aburridísima, pero funciona: planifica. Antes de arrastrar ni un clip, coge papel y boli. No hace falta un guion de Hollywood. Solo responde: ¿Qué quiero contar? ¿A quién se lo cuento? ¿Cómo lo estructuro? Puedes hacer un storyboard o una lista simple de las escenas que necesitas, en qué orden van, y qué quieres conseguir con cada una.

Este esquema simple te da una claridad brutal. Sabrás qué buscar y cómo debe fluir todo. Incluso puedes hacer un montaje rápido y cutre para ver si la estructura funciona antes de pulir los detalles. Los minutos que «pierdes» planificando te los ahorras por diez en la edición. Y lo mejor: el resultado final tiene sentido, cuenta algo, engancha.

 

¿Y después qué? Tu siguiente paso como editor

Vale, hemos visto un montón de detalles, ¿verdad? Aprender solo, a base de ensayo y error, tiene su mérito. Pero también es lento y a veces muy frustrante. Te tiras horas buscando en foros la solución a algo que un profesional resuelve en dos minutos.

Si de verdad quieres dejar de pelearte con tu programa de edición y empezar a disfrutar creando, dominando no solo estos básicos sino técnicas más avanzadas, igual te interesa el Curso de Edición y Postproducción de Vídeo de Treintaycinco mm. Piénsalo como tener editores profesionales a tu lado, compartiendo todos esos trucos que han aprendido con los años. Pasarás de estar evitando fallos a editar con total confianza.

Aprender de tus propios errores está bien. Pero aprender de los errores de otros es mucho más rápido. En el curso te saltas toda la frustración inicial porque vas directo a lo que funciona de verdad en la industria.

¿Te animas a dar el salto y empezar a hacer vídeos de los que te sientas orgulloso de verdad?

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